1 año de gobierno: de la seguridad y sus acciones
Antes de empezar, es vital precisar que llevar la tasa de criminalidad a cero es un ideal deseable, pero una imposibilidad técnica. Ni los llamados países del primer mundo lo logran (véase Estados Unidos, Inglaterra o Alemania). Es naturaleza humana; tanto así, que los relatos bíblicos ya nos hablaban del primer crimen de la humanidad: un fratricidio.
Segundo: la estadística es el mejor método para evaluar cualquier gestión. Lo que no se mide, no se puede mejorar. A diferencia de los ejercicios de percepción, aquí se mide la realidad que llega a las fiscalías. Insisto: son solo denuncias presentadas; las sentencias y la justicia real caen en otro rubro del sistema judicial.
Tercero: el análisis de los delitos de fuero común deben verse bajo distintas ópticas. Hay que entender que muchos delitos son imposibles de prevenir para un gobierno municipal, como el fraude, la violencia familiar o el daño a la propiedad. Aunque no se pueden prevenir mediante patrullaje, nos ofrecen una radiografía de la violencia generalizada en el municipio y el país, generada por las condiciones materiales (el maldito capitalismo) en las que estamos sumidos históricamente como sociedad mexicana.
Al mismo tiempo, en delitos como el “narcomenudeo”, podríamos decir que es hasta deseable el aumento en las carpetas de investigación: significa que se persigue más el delito. A nivel estatal, se nota que desde la llegada de la gobernadora Delfina Gómez, existe mayor persecución de este rubro (aunque yo no comparta las políticas prohibicionistas y conservadoras sobre drogas de la 4T).
Por eso, meter todos los delitos en una misma sumatoria de Excel es un error. Hace falta ver más a fondo “la carnita” y poner el énfasis en lo que sí es prevenible.
De los 98 delitos que tipifica el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública: 33 aumentaron, 35 disminuyeron, uno se mantuvo igual y 29 no presentan registros (se mantienen en cero o son delitos de nula ocurrencia aquí, como el robo de embarcaciones).

Tras un año de gestión, y pudiendo comparar dos administraciones de distinto color, estos ejercicios de transparencia deben ser más habituales. A mí me evitan discusiones con gente acostumbrada al “me dijeron” o al “yo creo”. Dato mata relato.
Pero, ¿cómo vamos realmente en seguridad?
Ni tan mal como asegura la oposición, ni tan bien como dicen algunas gráficas oficiales. Si seccionamos los datos, los números cambian. Por ejemplo:
- Robo en transporte público: Apenas hubo un avance del 1.69% (407 incidentes en 2025 contra 414 en 2024). ¿Qué informó el gobierno? Un descenso del 13.25%. El “truco” fue sumar el robo a transporte público con el robo individual para promediar un 15% de abatimiento. El robo individual sí bajó un 18%, pero mezclarlos es un error: son delitos distintos, con impactos y nombres diferentes.
- Homicidios: No es lo mismo un homicidio doloso que uno culposo (generalmente accidentes de tránsito). Aunque las motivaciones son distintas, la estadística aquí es favorable: hubo un descenso del 16.47% (71 casos en 2025 frente a 85 en 2024). ¿Para qué juntarlos si los números por sí solos ya son positivos?
- Robo de vehículo: Aquí hay un avance claro con una disminución del 26.56% (377 autos menos que en 2024). Sin embargo, hay que redoblar esfuerzos, pues el robo de motocicleta con violencia subió un 15.56% (21 casos más).
- Bajas considerables: El robo a casa habitación bajó un 17.46% (44 delitos menos) y el robo a transeúnte disminuyó un 18.09% (138 casos menos que el año anterior).
- Feminicidio: Ambos años presentan 2 incidentes. El estancamiento inhibe la posibilidad de desactivar las dos Alertas de Género que tiene el municipio, de las cuales una cumplió ya 10 años de su activación.
- Focos rojos: El robo a negocio subió un 3.65% (30 delitos más). Pero lo más alarmante es el robo a transporte de carga, que dio un salto drástico a 66% (de 258 a 427 incidentes). Este rubro es vital por la importancia de nuestros centros logísticos.

Balance final
Si esto fuera un examen, apenas pasaría con un generoso 7. Se atacan áreas clave, pero alerta el incremento sustancial en el robo a transportistas y el pendiente histórico del feminicidio.
Doy “puntos extra” (porque barco soy) al reconocer un cambio de poder real y no una continuidad disfrazada. Casos como la recuperación de pozos y predios ocupados por sindicatos o grupos de interés demuestran voluntad. No es que los anteriores presidentes no supieran qué pasaba; simplemente se les imponían, cogobernaban con ellos. El anuncio de la potabilización de la Presa de Guadalupe, aunque sea gestión federal, habla de un “presidente presente”. Los anteriores no podían o no querían.
Mucho ayuda el alineamiento político entre el municipio, el estado y la federación. Antes del año 2000, pocos alcaldes gozaban de ese beneficio; hoy lo importante es saber gestionar esa coyuntura.
En resumen: hay números alentadores, pero más retos por apaciguar. Salir a aplaudir hoy sería simulación. Qué bueno que se prometa más presupuesto, pero sería deseable transparentar el uso de tecnología como los drones: ¿cuánto han ayudado realmente a combatir el crimen o a entender la dinámica delictiva?
Falta mucho por hacer, pero apenas es el año uno.